Alex Delarge de La naranja mecánica

La naranja mecánica: significado, final explicado y claves de la película

Jose Antonio Carravilla Blanco

Bombín negro, ropa blanca, una pestaña postiza, Beethoven y una buena dosis de ultraviolencia. Más de medio siglo después de su estreno, La naranja mecánica sigue siendo una de las películas más reconocibles y controvertidas de la historia del cine.

Pero detrás de su estética provocadora existe una historia mucho más profunda sobre la violencia, la libertad, el control social y el libre albedrío.

De hecho, el extraño título de la película resume prácticamente todo su significado.

¿Por qué se llama La naranja mecánica? ¿Qué pretende conseguir el tratamiento Ludovico? ¿Por qué Beethoven es tan importante para Alex? ¿Y qué significa realmente el final?

Estas son las claves para entender el significado de La naranja mecánica.

¿Qué es La naranja mecánica?

La naranja mecánica (A Clockwork Orange) es una película dirigida por Stanley Kubrick y estrenada en 1971, basada en la novela que Anthony Burgess había publicado en 1962.

La historia se desarrolla en una sociedad británica futurista y sigue a Alex, un joven extremadamente violento que pasa las noches cometiendo delitos junto a su grupo de amigos, los llamados droogs.

Alex siente además una enorme pasión por la música clásica, especialmente por Ludwig van Beethoven.

Después de ser detenido y encarcelado, se presenta voluntario para participar en un nuevo procedimiento experimental que promete rehabilitar delincuentes en muy poco tiempo.

Ese procedimiento es el tratamiento Ludovico.

Y es precisamente ahí donde La naranja mecánica deja de ser simplemente una historia sobre delincuencia juvenil para plantear su verdadera pregunta:

¿es preferible una persona que elige hacer el mal o una persona incapaz de elegir?

Los droogs de La naranja mecánica

¿Qué significa el título La naranja mecánica?

El título puede parecer absurdo hasta que se entiende la metáfora que Anthony Burgess quiso construir.

El escritor explicó que había escuchado años antes una expresión inglesa parecida a as queer as a clockwork orange y decidió utilizarla como título de su novela.

Pero añadió un significado propio a aquella expresión.

Una naranja es algo natural, orgánico y vivo.

Un mecanismo de relojería, en cambio, funciona porque sus piezas han sido configuradas para realizar determinados movimientos.

Una "naranja mecánica" sería, por tanto, algo vivo convertido en una máquina.

Eso es exactamente lo que el Estado intenta hacer con Alex.

Mediante el tratamiento Ludovico pretende eliminar su capacidad de comportarse violentamente. El problema es que para conseguirlo no cambia sus valores ni consigue que se arrepienta.

Simplemente modifica su comportamiento hasta convertirlo en algo programado.

Alex continúa siendo un ser humano por fuera, pero una parte fundamental de su capacidad de decidir ha sido sustituida por un mecanismo condicionado.

¿Cuál es el verdadero significado de La naranja mecánica?

Uno de los temas centrales de la película es el libre albedrío: la capacidad de una persona para elegir entre diferentes comportamientos.

Al comienzo de la historia, Alex posee libertad para decidir y utiliza esa libertad de una manera terrible.

Es violento, egoísta y prácticamente incapaz de mostrar empatía hacia sus víctimas.

La respuesta del Estado consiste en quitarle precisamente aquello que le permite actuar así: la capacidad de elegir.

El resultado plantea una paradoja.

Después del tratamiento, Alex aparentemente se ha convertido en un ciudadano incapaz de cometer actos violentos.

Pero no porque haya comprendido que están mal.

No ha experimentado una transformación moral.

Su cuerpo simplemente le impide hacer aquello que antes podía escoger libremente.

La película obliga así al espectador a enfrentarse a una pregunta incómoda: ¿podemos considerar buena a una persona si no tiene la posibilidad de hacer el mal?

¿Qué es el tratamiento Ludovico?

El tratamiento Ludovico es el experimento utilizado para intentar eliminar los impulsos violentos de Alex.

Durante las sesiones es inmovilizado frente a una pantalla y obligado a contemplar imágenes extremadamente violentas.

Sus párpados permanecen abiertos mediante unos separadores para impedir que deje de mirar.

Al mismo tiempo recibe sustancias que le provocan un fuerte malestar físico.

Poco a poco, su cerebro comienza a asociar las imágenes violentas con ese sufrimiento.

Cuando posteriormente intenta actuar violentamente, su organismo responde automáticamente con náuseas, dolor y una incapacidad prácticamente absoluta para continuar.

Desde el punto de vista de quienes han diseñado el experimento, Alex está rehabilitado.

Desde el punto de vista moral de la película, la situación es mucho más problemática.

El tratamiento Ludovico no enseña a Alex a ser bueno: lo programa para que no pueda ser malo.

Alex DeLarge durante el tratamiento Ludovico en La naranja mecánica

Alex: ¿villano, víctima o las dos cosas?

Una de las razones por las que La naranja mecánica sigue generando debate es que Kubrick obliga al espectador a cambiar continuamente su relación con Alex.

Al comienzo resulta difícil sentir simpatía por él.

Es responsable de actos brutales y disfruta ejerciendo violencia.

Sin embargo, después del tratamiento Ludovico ocurre algo extraño.

Alex pasa de ser agresor a convertirse en una persona incapaz de defenderse.

Algunas de sus antiguas víctimas y enemigos pueden ahora atacarle mientras él es físicamente incapaz de responder.

La película no pretende borrar los crímenes que ha cometido.

Lo que plantea es otro problema: que alguien haya actuado monstruosamente no convierte automáticamente en moral cualquier método utilizado para castigarlo o controlarlo.

Ahí reside buena parte de la incomodidad de la historia.

¿Por qué Beethoven es tan importante en La naranja mecánica?

Alex siente auténtica devoción por Ludwig van Beethoven, especialmente por su Novena Sinfonía.

Esta afición crea uno de los contrastes más importantes del personaje.

Alex puede experimentar una enorme emoción ante una obra de arte y, al mismo tiempo, ser capaz de ejercer una violencia extrema contra otras personas.

Kubrick rompe así la idea de que alguien que aprecia la cultura, la belleza o la música necesariamente posee una moral elevada.

Pero Beethoven adquiere todavía más importancia durante el tratamiento Ludovico.

En una de las películas utilizadas durante el condicionamiento aparece su música.

Alex comprende horrorizado que el tratamiento está haciendo que su propio cuerpo empiece a rechazar también aquello que más ama.

El sistema diseñado para controlar su violencia termina invadiendo una parte de su identidad que no tenía nada que ver con sus delitos.

Ese detalle refuerza la crítica de la película: una vez que el Estado adquiere la capacidad de programar el comportamiento humano, resulta difícil establecer dónde debería detenerse.

Alex DeLarge en su habitación con una imagen de Beethoven en La naranja mecánica

¿Por qué los ojos de Alex son tan importantes?

Una de las imágenes más famosas de La naranja mecánica muestra a Alex con los ojos completamente abiertos durante el tratamiento Ludovico.

No es únicamente una imagen creada para provocar al espectador.

Durante buena parte de la película existe una relación constante entre mirar, elegir y controlar.

Alex disfruta contemplando aquello que ha elegido ver. Durante el tratamiento, en cambio, pierde incluso esa libertad elemental.

No puede cerrar los ojos.

No puede apartar la mirada.

No puede decidir cuándo dejar de observar.

La imagen resume visualmente lo que está ocurriendo con el personaje: el control de su conducta comienza por arrebatarle la posibilidad de elegir.

¿Qué critica La naranja mecánica?

Sería demasiado sencillo interpretar la película únicamente como una denuncia de la violencia juvenil.

La violencia de Alex es evidente, pero la película también examina la violencia ejercida por las instituciones.

El Gobierno encuentra en el tratamiento Ludovico una solución aparentemente perfecta: reducir la delincuencia y liberar espacio en las cárceles.

Pero el interés político por demostrar que el sistema funciona acaba siendo más importante que la propia persona sometida al experimento.

Alex deja de ser únicamente un delincuente.

Se convierte primero en un experimento y después en una herramienta política.

Kubrick enfrenta así dos formas diferentes de control: la violencia caótica del individuo y la violencia organizada de un sistema capaz de modificar la conducta humana.

Silueta de los droogs de La naranja mecánica

Final de La naranja mecánica explicado

A partir de aquí hay spoilers del final de La naranja mecánica.

Después del tratamiento Ludovico, Alex regresa a una sociedad en la que prácticamente no puede defenderse.

Su situación termina llevándolo hasta un intento de suicidio.

Sobrevive y despierta en un hospital.

Para entonces su caso se ha convertido en un problema político para el Gobierno.

Las autoridades necesitan neutralizar el escándalo y llegan a un acuerdo con él.

Pero durante su recuperación descubrimos algo fundamental: los efectos del tratamiento Ludovico parecen haber desaparecido.

Alex vuelve a imaginar comportamientos sexuales y violentos sin experimentar el terrible malestar físico que antes se lo impedía.

La última escena confirma así que ha recuperado aquello que el tratamiento le había quitado.

Su capacidad de elegir.

¿Qué significa realmente el final?

El final es deliberadamente incómodo porque Alex no termina convertido en una persona mejor.

Su recuperación médica implica también la recuperación de sus impulsos anteriores.

Por eso el concepto de estar "curado" tiene un significado profundamente irónico.

Desde el punto de vista de la rehabilitación criminal, el experimento ha fracasado.

Pero desde la cuestión filosófica que plantea la película, Alex ha recuperado una característica esencial del ser humano: la posibilidad de escoger entre diferentes acciones.

La película no afirma que sus elecciones sean buenas.

De hecho, el problema es precisamente que probablemente no lo sean.

Lo que plantea es que eliminar la posibilidad de elegir el mal también elimina la posibilidad de elegir verdaderamente el bien.

Y ahí termina de cobrar sentido el título.

Mientras estaba condicionado, Alex era aquella naranja mecánica: un organismo vivo cuyo comportamiento había sido programado desde fuera.

¿Por qué La naranja mecánica sigue siendo una película de culto?

Porque pocas películas son tan fáciles de reconocer con apenas unos cuantos elementos.

El bombín, los uniformes blancos, las botas negras, la pestaña de Alex, Beethoven y la estética de los droogs han terminado formando parte de la cultura popular.

La influencia de la película puede encontrarse décadas después en la moda, el diseño, la música, la fotografía y numerosas referencias dentro de la cultura urbana.

El British Film Institute destaca precisamente la combinación de los interiores estilizados, la música electrónica de Wendy Carlos y el lenguaje creado originalmente por Burgess como elementos esenciales de la identidad de la película.

Pero su permanencia no depende únicamente de su estética.

Más de cincuenta años después, las preguntas centrales de La naranja mecánica siguen teniendo fuerza:

¿hasta dónde debería poder llegar el Estado para modificar el comportamiento de una persona? ¿Es suficiente impedir una conducta o es necesario que el individuo pueda decidir rechazarla por sí mismo?

Eso es lo que hace que La naranja mecánica siga siendo mucho más que una película provocadora de los años 70.

Hombre con camiseta negra con la silueta de los droogs de La naranja mecánica

La estética de La naranja mecánica convertida en icono

Con el paso de los años, muchos elementos de la película han adquirido una identidad propia.

Alex, los droogs, la ultraviolencia, el Korova Milk Bar o Moloko Vellocet son referencias que un seguidor reconoce inmediatamente, incluso sin necesidad de mostrar el título de la película.

Esa estética y esos símbolos inspiran nuestra colección de camisetas de La naranja mecánica, con diseños basados en algunas de las referencias más reconocibles del universo creado por Anthony Burgess y llevado al cine por Stanley Kubrick.

Y algunas de esas referencias esconden suficiente historia como para merecer su propio capítulo.

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