¿Qué es el cine quinqui? Películas, protagonistas y origen
Jose Antonio Carravilla BlancoCompartir
Persecuciones en Seat 124 y 1430, atracos, descampados, barrios periféricos, rumba, heroína y jóvenes que parecían vivir delante de la cámara historias muy parecidas a las de fuera de ella.
Entre finales de los años 70 y mediados de los 80 apareció en España un fenómeno cinematográfico difícil de repetir: el cine quinqui.
Películas como Perros callejeros, Navajeros, Deprisa, deprisa o Yo, el Vaquilla llevaron a la pantalla la delincuencia juvenil, los barrios marginales, las drogas y una España en plena transformación.
Pero ¿qué fue exactamente el cine quinqui? ¿Quiénes fueron El Torete, El Vaquilla, El Jaro, El Pirri o El Lute? ¿Y por qué aquellas películas siguen despertando interés décadas después?
¿Qué es el cine quinqui?
Se conoce como cine quinqui a un conjunto de películas españolas, especialmente populares entre finales de los años 70 y mediados de los 80, centradas en jóvenes de barrios periféricos, delincuencia, drogas, cárceles, reformatorios y marginalidad social.
También puede encontrarse escrito como cine kinki, aunque "cine quinqui" es la denominación más extendida para hablar de este fenómeno cinematográfico.
No fue un género con unas reglas perfectamente definidas. Sin embargo, muchas de sus películas compartían atracos, coches robados, persecuciones, barrios obreros y una característica especialmente peculiar: el uso frecuente de actores no profesionales y jóvenes procedentes de ambientes similares a los que se mostraban en pantalla.
Eso hizo que la frontera entre ficción y realidad fuese, en ocasiones, sorprendentemente pequeña.
¿Por qué apareció el cine quinqui durante la Transición?
El cine quinqui no puede entenderse sin la España de aquellos años.
Las grandes ciudades habían crecido rápidamente durante las décadas anteriores y alrededor de Madrid, Barcelona y otras zonas urbanas surgieron barrios periféricos con fuertes desigualdades y pocas oportunidades para muchos jóvenes.
A ese contexto se sumaron el desempleo juvenil, la delincuencia y posteriormente la expansión de la heroína.
Al mismo tiempo, la prensa convirtió a algunos jóvenes delincuentes en personajes muy conocidos. Apodos como El Vaquilla o El Jaro aparecían continuamente en las crónicas de sucesos.
El cine encontró allí una mezcla de realidad social, acción, tragedia y personajes que el público ya reconocía.
Perros callejeros: el comienzo del cine quinqui
El gran punto de partida suele situarse en Perros callejeros (1977), dirigida por José Antonio de la Loma.
La película estaba inspirada en el mundo de la delincuencia juvenil de Barcelona y en las andanzas de Juan José Moreno Cuenca, El Vaquilla.
Pero quien terminó convirtiéndose en su gran rostro fue Ángel Fernández Franco, El Torete, un joven de 17 años que acabaría siendo uno de los mayores iconos del género.
Perros callejeros mezclaba persecuciones, atracos y escenarios reconocibles con intérpretes muy próximos al ambiente que intentaba retratar.
Su éxito abrió el camino a nuevas películas y convirtió a José Antonio de la Loma en uno de los grandes nombres del cine quinqui.
El Torete, El Vaquilla, El Jaro, El Pirri y El Lute
Buena parte del atractivo del género procede de sus protagonistas, algunos reales y otros transformados por el cine en auténticos iconos populares.
El Torete: Ángel Fernández Franco se hizo famoso protagonizando Perros callejeros y continuó apareciendo en películas de José Antonio de la Loma. Su imagen quedó asociada para siempre a los coches, las persecuciones y el cine quinqui barcelonés.
El Vaquilla: Juan José Moreno Cuenca fue uno de los delincuentes juveniles más conocidos de la época. Sus andanzas inspiraron parte de Perros callejeros y su vida acabaría llevándose directamente al cine en Yo, el Vaquilla (1985).
El Jaro: José Joaquín Sánchez Frutos alcanzó gran notoriedad siendo todavía adolescente. Su historia inspiró Navajeros (1980), dirigida por Eloy de la Iglesia y protagonizada por José Luis Manzano.
El Pirri: José Luis Fernández Eguia debutó también en Navajeros y terminó convirtiéndose en uno de los secundarios más reconocibles del cine español de los 80. Apareció después en películas como Colegas o El pico II.
El Lute: Eleuterio Sánchez pertenece a una generación anterior. Sus fugas y su enfrentamiento con la justicia ya lo habían convertido en una figura enormemente conocida durante los años 60. Su historia llegó al cine más tarde con El Lute: camina o revienta (1987), dirigida por Vicente Aranda.
Por eso El Lute no pertenece exactamente al núcleo original del cine quinqui, pero comparte con él temas como marginalidad, delincuencia, persecución, cárcel y la transformación de un personaje real en leyenda popular.
José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia
Si dos directores quedaron especialmente vinculados al género fueron José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia.
De la Loma convirtió coches, huidas y delincuencia juvenil en un cine de acción pegado a la realidad de la calle. A él debemos títulos fundamentales como Perros callejeros o Yo, el Vaquilla.
Eloy de la Iglesia utilizó ese mismo mundo para profundizar en marginalidad, drogas, desigualdad social y jóvenes enfrentados a unas circunstancias de las que resultaba difícil escapar.
Navajeros, Colegas y El pico son algunos de sus títulos más asociados al género.
También destaca Deprisa, deprisa (1981), de Carlos Saura, protagonizada por intérpretes no profesionales y ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín.
Las películas imprescindibles del cine quinqui
Los límites del género son discutibles, pero estos títulos permiten entender buena parte de su historia:
- Perros callejeros (1977), de José Antonio de la Loma.
- Perros callejeros II (1979), de José Antonio de la Loma.
- Navajeros (1980), de Eloy de la Iglesia.
- Los últimos golpes de El Torete (1980), de José Antonio de la Loma.
- Deprisa, deprisa (1981), de Carlos Saura.
- Colegas (1982), de Eloy de la Iglesia.
- El pico (1983), de Eloy de la Iglesia.
- Yo, el Vaquilla (1985), de José Antonio de la Loma.
- La estanquera de Vallecas (1987), de Eloy de la Iglesia.
A ellas puede añadirse El Lute: camina o revienta (1987) como una película posterior y estrechamente relacionada con ese mismo imaginario de marginalidad y delincuencia.
Coches y rumba: la estética del cine quinqui
El cine quinqui también construyó una estética inmediatamente reconocible.
Seat 124, 131 o 1430, carreteras, bloques de viviendas, descampados, bares y barrios periféricos aparecen una y otra vez en sus películas.
No eran escenarios lejanos ni coches de lujo: eran la España que muchos espectadores podían encontrar al salir del cine.
La música terminó de construir ese universo. Grupos como Los Chichos y Los Chunguitos quedaron estrechamente asociados a historias de cárcel, libertad, drogas, amor y vida en la calle.
Una de las canciones más recordadas es Me quedo contigo, de Los Chunguitos, utilizada en Deprisa, deprisa.
Del cine quinqui al neoquinqui
Aunque su gran época terminó durante los años 80, la influencia del cine quinqui nunca desapareció completamente.
Películas posteriores como Siete vírgenes, Volando voy, Criando ratas, Las leyes de la frontera o Mi soledad tiene alas han recuperado de diferentes maneras los barrios, la delincuencia, la juventud y la falta de oportunidades.
De ahí que actualmente se utilice también la expresión cine neoquinqui para hablar de algunas obras que trasladan parte de aquella tradición a otras épocas y generaciones.
¿Por qué sigue interesando el cine quinqui?
Porque aquellas películas tienen algo difícil de reproducir: una enorme sensación de realidad.
Los escenarios eran reconocibles, muchos intérpretes procedían de la calle y las historias estaban inspiradas en personajes que también ocupaban las páginas de los periódicos.
Al mismo tiempo, el género dejó imágenes que hoy forman parte de la cultura popular española: El Torete al volante, El Vaquilla convertido en leyenda, El Jaro recorriendo Madrid, la mirada de El Pirri o las fugas de El Lute.
Su influencia puede encontrarse actualmente en películas, documentales, rap, música urbana, fotografía, diseño y moda.
Pero detrás de esa estética existieron también pobreza, exclusión, drogas, cárceles y vidas reales que en muchos casos tuvieron finales trágicos. Ese contexto es precisamente lo que convierte al cine quinqui en algo más interesante que una simple colección de películas de delincuentes.
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